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Escribe
Avelino Porto (*) Gentileza de bumeran.com
Sobre muchos universitarios gravita actualmente una duda
existencial: seguir en nuestro país o irse al exterior.
Aunque también una enorme mayoría, pese a los interrogantes,
persiste en la esperanza de que aún tiene valor seguir en la
Argentina. No existen argumentos para convencer a unos y a
otros, porque todos tienen sus razones. Finalmente, será la
situación personal de cada uno la que decida.
Si en nuestro país las cosas
anduvieran mejor, la mundialización de la movilidad aún
contribuiría a que muchos buscaran otros lugares para
trabajar, por el hecho de persistir en la aventura y acumular
nuevas experiencias. El número de quienes quisieran radicarse
definitivamente en algún lugar del mundo sería menor.
Nos preguntamos entonces si será
el mundo distante el que nos atrae o será el ánimo depresivo
el que nos contagia. Cada persona que dice conocer otros
lugares donde las cosas son más beneficiosas, ¿lo dice
porque estuvo como turista, porque vivió allí durante un
tiempo o porque alguien se lo contó? Sospechamos que hay
mucho más de conocimiento superficial o de comentarios bien
intencionados que de profundidad de las experiencias.
¿Qué hago?
Cuando uno duda entre seguir en el país o buscar otro
destino, debe considerar si tiene familia o la va a constituir
en el exterior. Una vez que sus hijos comiencen a estudiar
empieza una historia que es muy difícil interrumpir. Esto no
es bueno ni malo; depende del lugar donde cada persona se
instala, de la lengua, las costumbres, la cultura y las
profesiones.
Mientras tanto, ¿qué ocurre
con quienes siguen arraigados en la Argentina? Sabemos la
respuesta: siguen sufriendo y continúan repitiendo que los más
jóvenes no tienen demasiadas oportunidades, o que el país
atraviesa una etapa de declinación.
Conociendo lo ocurrido en décadas
anteriores, podemos asegurar que igual a otros pueblos tenemos
luces y sombras. Los argentinos, además, siempre nos hemos
caracterizado por una tendencia a la desdicha, más aún en el
período de la juventud. Pero siempre la Argentina, sin saber
bien por qué, resurge a un ritmo sorprendente. Cuando esto
ocurra nuevamente -siento que será dentro de poco tiempo-
quienes se hayan ido quedarán atrapados en la nostalgia, que
es una espina difícil de sacar.
Nada es definitivo; ni siquiera
creer, quizás con bastante fundamento, que en algunos sitios
de la tierra existe una mejor calidad de vida. ¿Pero quién
nos asegura que siempre será mejor vivir en esos lugares?
Las convicciones sobre el carácter
internacional de los estudiantes y los profesores no están
vinculadas al desarraigo. La Universidad debe acompañar cada
día la marcha de la humanidad, y quienes puedan hacerlo deberían
estar cerca de esos movimientos.
Vos podrás seguir con tus
dudas y, además, si te animás, probar una experiencia en el
exterior. Pero algunos tenemos un convencimiento: con lo que
poseemos -que otros no tienen-, sin ningún milagro ni varita
mágica, esta Nación será digna de vivir. Personas como vos,
aunque a veces estén convencidas de que es imposible, van a
ayudar a cambiarla.
(*) Avelino Porto, Rector de la Universidad de Belgrano
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