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Es natural tener
miedo en las vísperas de lanzarse a un nuevo negocio.
Y está justificado: la inmensa mayoría de los nuevos
emprendimientos tiene pocas chances de tener éxito:
entre el 40 y el 60% de todas las nuevas empresas
colapsan dentro de los 3 años del lanzamiento.
Sin embargo, el
riesgo de fracasar se nutre de dos componentes: el
riesgo empresario propiamente dicho -componente
inevitable, producto de la naturaleza experimental que
posee todo nuevo emprendimiento- y el riesgo por
incapacidad.
Reducir
el riesgo
Este ultimo se ancla en la ignorancia por parte del
entrepreneur, de las variables y leyes básicas que
afectan el funcionamiento de un nuevo negocio
concreto. Este ultimo riesgo es, afortunadamente,
reducible mediante un buen entrenamiento.
La evidencia empírica
muestra que, en 5 años, alrededor del 70-80% de los
nuevos emprendimientos capota; pero la tasa de fracaso
es solamente del 20% para aquellos entrepreneurs que,
antes de lanzarse, han hecho un escrutinio intensivo
de los problemas y oportunidades asociadas al nuevo
negocio.
Preparen,
apunten, fuego...
En resumen: hay que prepararse. Por ejemplo, poder
preparar y argumentar un buen plan de negocio ayuda
muchísimo. Y esto es aprendible mediante
entrenamiento.
Ello no garantizará
el éxito, pero sí minimizará fuertemente las
chances de fracaso.
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