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Los
Orígenes de Roma.
La
tradición y la leyenda tienen su relato sobre el origen de Roma,
son muchos y variados. Los historiadores romanos se encargaron de
reproducir casi todas las historias sobre el origen de Roma que se
barajaban en su época, como Tito Livio, Plutarco, etc.; de las
cuales se realizara un resumen a continuación.
Plutarco,
en sus "Vidas Paralelas", hace un resumen de todas las
historias sobre como y por quien fue fundada Roma antes de su
biografía de Rómulo. Según dice, uno de los orígenes puede ser
atribuido a los pelasgos (primitivos pobladores de Grecia) que con
su fuerza y su divagar por el mundo se establecieron en esa zona, y
de allí vendría el nombre (Roma en griego significa fuerza). Otra
es que los troyanos llegaron al Tíber luego de la derrota a manos
de los griegos y una de sus mujeres, que se llamaba Roma, decidió
prender fuego a las naves, luego se establecieron en el monte
Palatino, y dieron nombre a la ciudad en honor a esta atrevida dama.
Otros dicen, según Plutarco, que el nombre viene de una hija de
Italo y Leucario o de Télefo y Eneas; y otros que fue una hija de
Ascanio, el hijo de Eneas. Otra historia dice que fue el tirano
latino Romis que habría venido desde Lidia.
La
mas aceptada, es la leyenda que tiene a Rómulo por el fundador de
Roma y que a el se le debe el nombre. Plutarco cita a Díocles
Peparecio y a Fabio Pictor como los mas reputados historiadores que
sostienen esta historia. Bastante conocida es la historia sobre la
cual Eneas llega a Italia luego de deambular por Macedonia y
Sicilia, desembarcan en el Lacio, y terminan aliándose con el rey
Latino. Luego fundan una ciudad que es Lavinia. De allí en más la
sucesión de parientes de Eneas ocupan el cargo de rey. Su hijo,
Ascanio funda Alba Longa en los montes Albanos. Uno de sus sucesores
fue Procas, quien a su vez dejo el trono a su hijo mayor Numitor, el
cual fue violentado y usurpado por Amulio, el hermano menor. La
tradición dice que la hija de Numitor, tubo dos hijos gemelos, los
cuales fueron arrojados a las costas del río Tíber por ordenes de
Amulio. Pero siendo estos amamantados por una loba y alimentados por
los pájaros, fueron rescatados por un tal Féstulo, que se encargo
de criarlos. Habiendo crecido robustos y carismáticos, dicto el
destino que Remo fuera a caer en manos de Numitor y luego los
hermanos con fuerzas de su abuelo mataron al usurpador Amulio. Rómulo
y Remo partieron de Alba, y decidieron fundar una ciudad propia
cerca del Tíber, Rómulo quería en el monte Palatino y Remo en el
Aventino. Convinieron que un agüero terminara la disputa, Remo vio
seis buitres, y luego su hermano vio doce, no poniéndose de acuerdo
en cual agüero era más importante, si el primero o él más
numeroso, se trabaron en disputa, en la cual murió Remo; según
otra historia a Remo lo mato Rómulo por saltar sobre la zanja en la
cual se construiría la muralla.
Según
la tradición Roma se fundo el día 11 antes de las calendas de
mayo, seria el 21 de abril de 753 a. C.. Fundada Roma, ya comenzó a
guerrear contra sus vecinos, esta vez por conseguir mujeres, a las
que raptaron durante unos juegos en los que invitaron a todos los
pueblos Vecinos. Vencieron a todos menos a los sabinos por que la
lucha termino en un tratado de paz conseguido por las mujeres, que
no querían perder ni a sus padres ni sus esposos. De este tratado
surgiría la unión de los dos pueblos. Rómulo luego de guerrear
contra varios vecinos, desapareció en medio de una tempestad. Según
algunos se lo llevaron los dioses, y según dice Tito Livio algunos
pensaron que los cenadores, únicos testigos de la desaparición,
descontentos con el gobierno de Rómulo lo asesinaron. Así sube al
trono luego de un interregno de un año Numa Pompilio hombre insigne
que habitaba entre los sabinos.
Este
es, en una apretada síntesis, el origen de Roma según la tradición
mas aceptada por los mismos romanos.
Los
pueblos que habitaban en la península itálica son los siguientes:
los latinos ocupaban la llanura entre el río Tíber y los montes
Albanos. Al norte del Tíber se encontraban los etruscos, mas arriba
del Tíber, este separaba a los umbros al sur y los etruscos al
norte. Al este y sureste del Lacio se encontraba la cadena Apenina
que seria el dominio de pastores nómadas emparentados entre S, los
sabinos, samnitas, marsos, volscos, cámpanos en Nápoles, ausones y
oscos. Todavía mas al sur los lucanos y bruttios.
El
origen de los pueblos que a su vez originaron a Roma, se puede
rastrear mediante la lingüística. La cual divide a las lenguas
indoeuropeas y las de otro origen.
Entre
las primeras se encuentra el latín, el veneto, etc. Se comprobó
que las lenguas europeas y asiáticas tenían un cierto parentesco,
y sé tubo la convicción durante mucho tiempo, de que el parentesco
delataba un origen étnico común, la existencia de un pueblo
indoeuropeo y de una cuna común de su civilización. Se creía que
la unidad original de este pueblo experimento una dislocación y que
los grupos integrantes se fueron separando del conjunto, llevando en
su emigración el dialecto hablado en su patria. Pero ya esta teoría
esta desechada. Las divergencias e interferencias que se descubren
en Italia parecen haberse dado siempre, por muy remota que sea la génesis
de los pueblos portadores del indoeuropeo; es decir, a través de
una lenta elaboración étnica y cultural, durante la edad neolítica
(4800-1800). Al parecer según P. Bosch, los movimientos
convergieron a partir, al menos, de dos centros: la región del río
Danubio en el centro de Europa y la región del norte de Asia menor
y parte del Cáucaso. Aproximadamente por entonces, según los lingüistas
y los arqueólogos, el latín (introducido también por pueblos
provenientes de la región danubiana) haría su aparición en
Italia. Cada vez es mayor la resistencia frente a la hipótesis de
una Italia pre y protohistórica que acogería en su territorio a
masivos grupos étnicos con su original unidad, mantenida a lo largo
de la emigración. Más bien se insiste sobre las condiciones de
infiltración, dispersión y cruzamiento en que se realizaría la
intervención de elementos extranjeros.
La
cultura lacial o Civilización del Lacio, con la cual se relacionan
los primeros asentamientos romanos, se vio influida por otras
culturas arqueológicas, como la Villanovana y la Fossakultur, y en
menor grado por la civilización apenínica. Estas culturas serán
desarrolladas a continuación.
La
civilización apenínica, así nombrada por U. Rellini y S. M.
Puglisi, ocupa un espacio y un tiempo no muy limitados: se extendió
a lo largo de toda la espina dorsal de Italia durante los siglos
XIV-XIII a. C. y debió sus rasgos peculiares a las tierras altas
del Apenino. Era una civilización de pastores seminómadas. En la
zona del Lacio (región de Civitavecchia, centro megalítico de Pian
Sultano) fueron encontrados vestigios de esta civilización. Estos
apeninicos cuya cerámica se ha encontrado en el emplazamiento de la
futura Roma, tal vez sean los antepasados lejanos de las tribus sabélicas,
sabinos y samnitas.
La
civilización villanovana recibe este nombre de una aldea cercana a
Bolonia, donde se observaron restos por primera vez. Su ubicación
en el tiempo se divide en cinco fases que van desde 950 hasta 525
(conquista del país por los etruscos). Ocupo toda la mitad norte de
Italia al sur del Po hasta Rimini y el Adriático, y hasta las
fronteras del lacio y el Tirreno, al sur.
Sobre
el Tirreno, especialmente en la Campania (Cumas, Capua, Suessula),
el valle del Sarno y Calabria (Torre Galli), imperaba la llamada
civilización Fossakultur o cultura de las tumbas de fosa, a causa
de sus fosas rectangulares, en el fondo de las cuales se tendía el
esqueleto.
La
tradición presenta a Roma como una ciudad latina, entre otras, e
incluso como una colonia de Alba Longa. En efecto la arqueología
encontró numerosas aldeas en estas colinas cuyas tumbas revelan
innegable parentesco con las de Roma. Pero los hechos desmienten la
anterioridad de las aldeas albanas, postulada por la tradición,
respecto de Roma: los hallazgos más antiguos del Foro y del
Palatino son contemporáneos de las primeras manifestaciones de la
civilización del Lacio.
Cronológicamente
la civilización del Lacio evoluciona a través de cuatro períodos,
que a veces se subdividen; hay unanimidad en colocar su final hacia
600 o 575, que señala el comienzo de la monarquía etrusca en Roma,
pero se discuten las fechas de duración de cada periodo. Los
partidarios de la cronología larga sitúan el primero en el siglo X
(período II, 850; período III, 750; período IV 675); los
defensores de la cronología corta arrancan del 800 (periodo II,
775-750; período III, 700-675; período IV, 650-625).
La
civilización del Lacio no surgió en un desierto; la forma y
decoración de su cerámica entraña una supervivencia apenínica, y
se han encontrado en Roma huellas de un hábitat de la edad del
bronce. El comienzo de la del bronce se caracteriza por un súbito y
vigoroso ascenso demográfico, atribuible a la llegada de gentes foráneas.
La civilización del lacio, formada sobre un fondo apenínico,
absorbió sucesiva y contemporáneamente, los elementos villanovanos
de la cultura Allumiere della Tolfa y de la Fossakultur, que
dominaron en el grupo albano y en la Campiña. Con esto esta
demostrado que en Roma existió un núcleo de población que
vigilaba el vadeo del Tíber, ininterrumpidamente desde la edad del
bronce hasta los siglos IX y VIII.
Los
pueblos de la civilización del Lacio se establecieron simultáneamente
en Roma y en los montes Albanos. Y formarían una comunidad tribal.
Los latinos ocuparon todas las colinas que se elevan sobre una Campiña
muy llana, en el Tíber.
Para
el origen de la ciudad de Roma se distinguen dos corrientes una que
marca el 580 a. C. como un estadio avanzado de desarrollo político
en Roma, y la otra dice que apenas se había constituido como
"ciudad". Los primeros aceptan los datos de la tradición
romana, según la cual la fundación de Roma fue a mediados del
siglo VIII (753 a. C.) ligada a la leyenda de Romulo y Remo,
relatada mas arriba, y a la pretendida antigüedad de algunas
instituciones típicamente romanas como la gens o el senado. Los
segundos, en cambio, fieles a los resultados arqueológicos,
sostienen que el nacimiento urbano de Romano puede ser anterior a
finales del siglo VII a. C. e incluso a 575 a. C., fecha de la
segunda desecación y pavimentación del Foro que permitió la
construcción de la ciudad. En tal caso habría que admitir la
existencia de una comunidad política romana en una fase preurbana,
lo que plantea serios problemas de interpretación histórica tanto
a los partidarios del agrupamiento de aldeas en torno al Palatino
(tesis sinecista) como a los defensores de la tesis unitaria. Las
tesis radicales hacia ambos lados se han abandonado a favor de
posiciones moderadas, bien tratando de compaginar los datos de la
tradición con la arqueología, bien sopesando la fiabilidad de la
tradición historiográfica a la luz de su propio proceso de
elaboración. A pesar de ello, la investigación sobre los primeros
tiempos de Roma sigue fundamentalmente sobre base arqueológica
aunque sin renunciar a los datos más fiables de la tradición, se
correspondan o no con la cronología aportada por la arqueología.
Roma
en su fase protourbana está formada por un grupo de comunidades
independientes unidas ocasionalmente por lazos religiosos en la
llamada liga del Septimonium, que agrupaba a los habitantes del
Septimonium, que agrupaba a los habitantes de los 8 montes, y no
siete colinas como se creía antes, en torno al culto anual
celebrado mas probablemente en el Palatino. Los defensores de la
tesis sinecista y de la monocentrista encuentran aquí ambos
argumentos para defender sus respectivas teorías. Para los primeros
el Septimonium es el precedente de la posterior agrupación de
aldeas que daría origen a la nueva ciudad; para los segundos, el
razonable protagonismo del Palatino en la Liga temprana es la prueba
de que Roma se configuró exclusivamente a partir de este núcleo
originario (sitio de la fundación de Romulo).
Los
artífices etruscos llevaron a cabo las obras de desecación y
pavimentación previas al acentamiento en el área del Foro, en
torno a la cual se configuró el núcleo urbano. Si estos se
realizaron en torno al 600 a. C., momento en que, según la tradición,
Roma era regida por el etrusco Tarquinio Prisco, el proceso de
urbanización debió ser muy rápido, puesto que por la misma fecha
la arqueología data ya la construcción de la Regia, el templo de
Venus y el levantamiento de la Curia Hostilia. Desde este momento el
área urbana queda plenamente configurada. El área del Foro
constituye un foco de atracción para los núcleos poblacionales
circundantes que poco a poco abandonan las colinas y se suman a la
población de la llanura. En un primer momento los territorios
habitado circundantes más próximos quedaron absorbidos dentro del
área urbana; otros, más alejados, serían dominados o integrados
después de constituir el ager romanus antiquus o territorio
controlado por el populus.
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