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Alemendri, Próspero

Patrono de La Escuela Normal Superior de Avellaneda - ENSPA

Nació en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), el 25 de Junio de 1880. Por razones familiares se traslada a Buenos Aires, donde continúa sus estudios, recibiéndose de maestro y profesor en la Escuela Normal Nro. 2 Mariano Acosta.

Cuando acaba de cumplir diecisiete años, el 26 de Junio de 1897, es nombrado preceptor de la Escuela Superior de Varones del Consejo Escolar 5to. comenzando así su larga carrera docente. En esa misma escuela ejerce los cargos de vicedirector interino y director titular. En 1909 se lo designa Inspector Técnico y en 1919 se lo nombra Subinspector General de Escuelas de Territorios y Colonias Nacionales. Deja las comodidades de la ciudad y las cátedras en escuelas secundarias para iniciar un permanente peregrinar a lo largo y lo ancho del país. En 1922, ya conocía todos los rincones de los territorios nacionales donde hubiera una escuela, y allí donde hacía falta la había creado. Pero detiene su vista en Río Negro, Neuquen y al sur del paralelo 42, fue patagónico por vocación. Es allí donde cumple una labor de perfeccionamiento del sistema que lo lleva "por años y años a recorrer todos los caminos, a caballo, en carro, en sulky, en auto por las áridas quebradas de la precordillera o las planicies patagónicas, a la vera de los grandes ríos, al pie de inmensos bosques y de las majestuosas cumbres de la cordillera". A pesar de los escasos recursos con que contaba, supo movilizar voluntades, y con barro y chapa, cuando no había ladrillos, fue creando escuelas en la ruta gigante de su andar inquieto: Gorro Frigio, Pico Quemado, Cajón de Ginebra, Trahuncurá, Piedra de Águila y miles de nombres más. Solamente en 1922 habilita 250 escuelas.

En 1925 le fue otorgada la jubilación, pero ello no fue motivo para que dejara la docencia. En 1931 desempeña con probidad la Subsecretaría del Ministerio de Instrucción Pública de la Nación. Más tarde de 1938 a 1942 actúa, con amplios poderes que supo utilizar con auténtico espíritu de maestro de escuela, como vocal del Consejo Nacional de Educación. Desde este cargo ausipició y puso en ejecución la Ley de Jardines de Infantes construyendo varios de éstos en los barrios obreros de la ciudad y creando el 27 de abril de 1939 el Jardín N°. 1 del Instituto Félix Bernasconi. Las escuelas al aire libre para niños débiles tuvieron en él un gran propulsor y, por su iniciativa se aumentaron cuatro más a las existentes.

También adhirió a la instalación de escuelas de adaptación para niños infradotados. Desde la Comisión de Didáctica del Consejo bregó por el fomento de la educación física, formación de sus profesores, coros vocales en todas las escuelas, música nativa. En 1942 cuando deja sus funciones en el Consejo las escuelas fundadas por su iniciativa, en la Patagonia, suman 1.500.

Pero su acción educativa se plasma también en los libros y publicaciones especializadas: “Teatro Infantil” (1920), “Reunión de Inspectores de Escuelas de Territorios Nacionales” (1926), “Problemas de la Enseñanza Argentina” (1932), “La Fecundidad del Pensamiento Argentino en la Enseñanza” (1932), “Notas sobre Enseñanza” (1934), “Moral y Deporte” (1941), “Jardín de Infantes" (1941), “La Escuela del Aire" (1940), “Demóstenes, Oratoria” (l944), "Enunciados y Soluciones de Problemas de Educación" (1949). Después de la publicación de esta última obra pasa un largo período fuera de la función pública, ya jubilado, entregado a la acción cultural, social, deportiva. En momentos difíciles para la patria, refugió su fe en la democracia, formando parte de la reserva moral de la Nación. Vive en la pobreza en un humilde departamento. El escaso importe de su jubilación, a sesenta años de servir al país, lo haba obligado a malvender su casa. Sin embargo, pudo recibir muchos miles de dólares cuando desde Estados Unidos vinieron a comprarle la importantísima colección de objetos autóctonos, el extraordinario museo arqueológico de la Patagonia, producto del paciente trabajo de muchos años, pero prefirió donarlo a la Universidad de Córdoba, donde en el Instituto de Arqueología, Lingüística y Folklore, ocupa un lugar destacado.

Después del 16 de septiembre de 1955, fue llamado nuevamente, quizás así pudo cumplir su última jornada, por las autoridades nacionales para que presidiera una comisión que debía redactar el Estatuto del Docente.

Cuando inició esta empresa, su organismo ya estaba vencido por la enfermedad, sin embargo los que trabajaron a su lado no lo advirtieron, tal era el entusiasmo, vigor y dedicación con que afrontó su labor. No alcanzó a ver el Estatuto del Docente vigente en forma integral. Muere el 27 de mayo de 1957, en un sanatorio, acompañado por algunos amigos, en brazos de un maestro de escuela.

En su sepelio se pronunciaron trece discursos como homenaje y despedida en nombre de las distintas entidades donde se desempeñó y de sus amigos. El profesor Adolfo J. E. Morano por la Confederación de Maestros y Liga del Profesorado Secundario sintetizó una vida dedicada a la docencia con estas palabras: "Y ahora entregamos a la tierra los despojos mortales de este maestro que alcanzó a cumplir el ciclo máximo de las jerarquías docentes: inspector, inspector general, vocal del Consejo Nacional de Educación, Subsecretario de Instrucción Pública, pero que muere, repitámoslo, como el más humilde de los maestros del Sur o del Norte de nuestro territorio, en la más absoluta pobreza; muere conmovedoramente pobre, despojado de todos los bienes materiales -fruto de su desinterés y patriotismo- y deja como única herencia a su patria, a sus conciudadanos y más que a ellos a sus colegas, un hermoso libro que habla de justicia y de redenciones; el libro con que soñara toda su vida: Su obra maestra: El Estatuto del Docente".

Alemandri y el deporte:

Desde muy joven tuvo una profunda afición por los deportes. Es en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires donde realiza su actuación deportiva. Ingresa al club en el año 1896, y desde sus comienzos se perfila como un deportista completo, se destaca en la esgrima del bastón, en el box francés, llamado sabat, obtiene varios premios en los Campeonatos de Tiro realizados en 1898 en el stand del viejo edificio del Club, y en 1901 se clasifica ganador en un concurso de pelota a mano.

Al año siguiente, en 1902, es llevado por los socios a ocupar un cargo de vocal en la C.D.. Desde ese momento comienza su actuación como dirigente de la Institución, y en 1904 es designado secretario honorario de la C.D., cargo que desempeña con contadas interrupciones durante más de 30 años. Por su iniciativa se fueron incorporando al club nuevos deportes: el box, la lucha, el fútbol, el rugby, el tenis, la natación, la equitación y muchos más.

Fue también secretario de la primera delegación olímpica Argentina que saliera del país para competir en las Olimpiadas Mundiales realizadas en París en 1924. En 1936, siendo presidente de la CADCOA, organizó y envió la representación Argentina a las Olimpíadas de Berlín.

 

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