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LOS
TEHUELCHES CONTRA LOS INGLESES: LA PARTICIPACIÓN INDÍGENA DURANTE
LAS INVASIONES INGLESAS
Todos
saben, que fueron, las invasiones Inglesas. El 27 de junio de 1806
un ejercito ingles de mas de mil quinientos hombres y cuatro piezas
de artillería conquista Buenos Aires, una ciudad que al momento
contaba con no más de 40.000 habitantes. La ciudad es reconquistada
por las fuerzas locales, 2.500 hombres al mando de Liniers, el 12 de
agosto del mismo año.
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Lo
que muy pocos saben es el papel que jugaron los indígenas
en las Invasiones Inglesas. Cuando hablo de los indígenas,
no me refiero a los que integraban los "cuerpos
voluntarios" que se constituyeron para resistir al
invasor, estos vivían y trabajaban en Buenos Aires. Los
cuerpos Voluntarios contaron al menos con dos agrupaciones
principales: Indios, Morenos y Pardos (que contaban con 426
hombres en 1806) y cuerpo de Indios, Morenos y Pardos de
Infantería (con un total de 352 hombres). Pero de ellos no
se trata este articulo. Si, de los indígenas libres de la
provincia de Buenos Aires, cuyos caciques concurrieron al
cabildo de Buenos Aires a ofrecerse en la lucha contra el
invasor. Estos indígenas eran los tehuelches, que habitaban
en la Pampa y Patagonia, y luchaban constantemente con los
araucanos provenientes de Chile.
Cinco
días después de la rendición de los ingleses, el 17 de
agosto de 1806, mientras los miembros del cabildo tratan
sobre los problemas del momento, "... se apersono en la
sala -dice el acta correspondiente- el indio Pampa Felipe
con don Manuel Martín de la Calleja y expuso aquel por intérprete,
que venía a nombre de dieciséis caciques de los pampas y
cheguelches a hacer presente que estaban prontos a franquear
gente, caballos y cuantos auxilios dependiesen de su
arbitrio, para que este I. C. echase mano de ellos contra
los colorados, cuyo nombre dio a los ingleses; que hacían
aquella ingenua oferta en obsequio a los cristianos, y
porque veían los apuros en que estarían; que también
franquearían gente para conducir a los ingleses tierra
adentro si se necesitaba: y que tendrían mucho gusto en que
se los ocupase contra unos hombres tan malos como los
colorados,...".
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Los
cabildantes agradecen el ofrecimiento y piden a Felipe que comunique
a los caciques que harían uso de la oferta "en caso necesario
y la tendrían muy presente en todo tiempo". Y, además, se le
dio al cacique Felipe tres barriles de aguardiente y un tercio de
yerba.
Al
mes los indígenas vuelven al Cabildo. Esta vez Felipe acompaña al
cacique pampa Catemilla, ratifican la oferta anterior "y expuso
que solo con el objeto de proteger a los cristianos contra los
colorados (...), habían hecho las paces con los Ranqueles, con
quienes están en dura guerra". La escuadra de Popham seguía
en el río esperando refuerzos. Los cabildantes otra vez agradecen
la ayuda ofrecida, les dicen que los llamaran en caso necesario y le
entregan un regalo igual que a Felipe el mes anterior.
En
otra sesión, 22 de diciembre, se presentan diez caciques. Los
cabildantes le dicen a los indígenas que "La fidelidad, amor y
patriotismo de las numerosas y esforzadas tropas que en cuerpos se
hallan formadas, aseguran la defensa de esta hermosa capital y por
lo mismo sólo os encomiendan hoy el celo y vigilancia de nuestras
costas, para que los ingleses nuestros enemigos y vuestros a quienes
llamáis colorados, no os opriman ni priven de vivir con la
tranquilidad que disfrutáis y os profesan las mejores y más
benignos de los Soberanos del Mundo."
El
29 de diciembre se presentan los caciques Epugner, Errepuento y Turuñanquu
que ofrecen además de su colaboración la de los otros caciques:
Negro, Chulí, Laguini, Paylaguan, Cateremilla, Marcius, Guaycolan,
Peñascal, Lorenzo y Quintuy. Ofrecen hombres y ayuda.
Los
caciques estaban dispuestos a no ser menos unos que otros en cuanto
a ofrecer ayuda. Dos meses antes de la segunda invasión inglesa,
abril de 1807, se presenta el cacique Negro de Patagones a ofrecer
su ayuda y la de otros jefes que lo acompañan.
A
pesar de tantos ofrecimientos de ayuda indígenas y los
agradecimientos de españoles y criollos, la alianza no se concreta.
Los gobernantes desconfiaban y despreciaban a los indígenas. Esa
desconfianza fue la causa de que no se los convocara a la lucha
contra los ingleses durante la segunda Invasión Inglesa.
Los
refuerzos llegaron, y los ingleses volvieron a desembarcar, en junio
de 1807, nuevamente en Quilmes. Esta vez son muchos, cerca de diez
mil hombres al mando de John Whitelocke. Buenos Aires estaba
preparada, con una fuerza de siete mil hombres comandados por
Liniers, el héroe de la reconquista. La ciudad entera combatió, un
soldado ingles dijo que cada chico, cada mujer, cada vieja y cada
casa eran su enemigo.
Las
calles de Buenos Aires fueron el campo de batalla, un infierno. Los
"colorados" dejaron definitivamente sus ideas
colonialistas con Buenos Aires.
¿Hacia
falta que la ciudad se convirtiera en un infierno? ¿Que los campos
fueran devastados por el enemigo? ¿Se habría rechazado a los
ingleses antes con la ayuda indígena? No se sabe, y no se pudo
saber por la desconfianza que tuvieron los cabildantes a los indígenas,
y a la idea de tener miles de indios y sus caballos dando vueltas
por la ciudad.
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