|
Los
Hunos.
Los
hunos son un pueblo de pastores nómadas que invadieron la Europa
del SE hacia el 370 y crearon un enorme imperio en los ochenta años
siguientes. (Los heftalitas que invadieron Irán e India en los
siglos V y VI y los hiung-nu que acosaron anteriormente China son a
veces identificados como hunos, lo que no es del todo seguro). Quizá
sean el pueblo llamado en chino xun (los griegos los llamaron
jounoi), quizá parte de los hiung-nu mencionados por las fuentes
chinas, de familia turca y escritura rúnica. Cruzaron el Volga
después del 350, cayeron sobre los alanos (entre el Volga y el
Don), ostrogodos (entre el Don y el Dniéster) y visigodos (Dacia) y
forzaron el limes romano del Danubio.
Amiano
Marcelino (fl. 395) los describe como pastores sin casas ni reyes,
dirigidos por jefes de grupo (primates), aparentemente sin un
caudillo general aún en el s. IV. Excelentes jinetes arqueros,
veloces y decididos, de táctica impredecible, extendieron el miedo
por el Imperio. Pactaron con Roma en contra de los germanos de
Europa Central y, hacia el 432, tenían un caudillo principal, Rua o
Rugila, a cuya muerte (434) le sucedieron sus sobrinos Bleda y Atila
(Átila), corregnantes que pactaron con el Imperio de Oriente en
Margus (hoy Pozarevac) la duplicación de los subsidios pagados a
Rugila.
Atila
o Átila, flagellum Dei, rey de los hunos (434-453) es el Etzel de
la leyenda de los Nibelungos y el Atli de las sagas islandesas.
Dominadores de un extenso territorio, desde el Báltico a los Alpes
hasta cerca del Caspio, habían de recibir de Constantinopla 700
libras de oro anuales (unos 300 k). No se sabe nada concreto sobre
Atila entre 435 y 439 ni tampoco que el Imperio le pagase lo
prometido. En 441, cuando las tropas romanas estaban actuando en el
limes tanto oriental como occidental, atacó fuertemente el Danubio
oriental, tomando y saqueando muchas ciudades, incluida Singidunum
(Belgrado). Constantinopla logró una tregua para el 442 y trajo
tropas del Oeste; pero en 443 Atila volvió a atacar: tomó ciudades
en el río y se dirigió al interior hacia Naiso (Nis) y Sérdica
(Sofía), que fueron destruidas. Camino de Constantinopla, tomó
Filipópolis, derrotó a los romanos en todas las batallas y cercó
la capital imperial, que no podía tomar con sus arqueros. Puso
rumbo a Galípolis, donde estaban refugiadas las últimas tropas
imperiales, y las deshizo. Impuso una paz que incluía el pago de
los atrasos y su mora (6.000 libras de oro, unos 1.800 k) y la
triplicación del tributo anual (2.100 libras por año, unos 650 k).
Hacia 445 mató a su hermano mayor, Bleda, y se convirtió en autócrata.
Atacó de nuevo en 447, más al E (Escitia y Mesia) que la vez
anterior y derrotó a los romanos en el río Uto (Vid), pero con un
alto costo en hombres. Devastó los Balcanes y Grecia hasta las Termópilas
y en los años siguientes se mantuvo una especie de hostilidad
latente entre Atila y Teodosio II, como narra Prisco de Panio
(fragmentos de su Historia), que lo visitó en Valaquia, junto a los
embajadores romanos del 449. Se concluyó una paz más onerosa para
el Imperio que la del 443: el Imperio había de evacuar una ancha
franja suddanubiana y grandes tributos cuya cuantía no precisan las
fuentes.
Atila
entró en la Galia en 451, aparentemente contra los visigodos del
reino de Tolosa, que no mantenían contenciosos con Valentiniano III
ni con Aecio, con quien Atila estaba en buenas relaciones. Se sabe
que, en 450, Honoria, hermana del emperador, le envió su anillo y
la petición de que la librase de un matrimonio al que se la
obligaba. Atila reclamó a Honoria como esposa y pidió la Galia
como dote. Aecio y Teodorico I pactaron una actuación conjunta.
Atila intentó ocupar Aurelianum (Orleans), pero los romano-godos se
lo impidieron en el último momento. La batalla se dio en campo
abierto, en los Campos Cataláunicos (o, en otras fuentes,
Mauriacos), de situación desconocida. Teodorico murió, pero Atila,
vencido por primera y única vez, hubo de retirarse.
En
452 Atila pasó a Italia y saqueó Aquilea, Padua, Verona, Brescia,
Bérgamo y Milán, sin que Aecio pudiera detenerlo. La hambruna y la
peste los sacaron de Italia. El nuevo emperador de Oriente,
Marciano, interrumpió el pago de subsidios pactado por Teodosio II
y Atila iba a atacarle cuando murió en el viaje, durante el sueño.
Quemado en una fastuosa pira con su tesoro personal, quienes
dispusieron el funeral fueron muertos para que nadie pudiera
localizar la tumba. Le sucedieron sus hijos que, reñidos entre sí,
perdieron casi inmediatamente el poder huno.
Prisco,
que conoció a Atila en 448-449, lo describe como bajo, robusto, de
gran cabeza, ojos hundidos, nariz chata, barba rala y de costumbres
austeras. Irritable e irascible, era un tenaz negociador y no tan
inmisericorde como se dice. Los hunos poseían oro abundante, por
los pillajes, los subsidios romanos y la venta de prisioneros, y el
poder económico alteró sus naturaleza política. La monarquía se
hizo hereditaria y el rey tuvo carácter autocrático: sus delegados
personales se ocupaban del gobierno y las exacciones en especie y
moneda sobre los territorios y pueblos sujetos a los hunos. No hubo
estructuras complejas y, a la muerte de Atila, las revueltas
internas facilitaron la derrota huna (455) frente a una coalición
de gépidos, ostrogodos, hérulos y otros pueblos en Panonia (río
Nedao, sin identificar) que terminó con los hunos como potencia.
|