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HISTORIA
DEL ANTIGUO EGIPTO.
La
civilización egipcia, quizás la primera armónicamente
desarrollada, con una larga proyección cultural, entre las antiguas
sociedades humanas, se caracterizo por una filosofía y una
organización política que experimentaron pocas variaciones a lo
largo de los siglos y milenios en donde todo parecía ordenado y lógico
y se aceptaba con una sumisión tal que no deja de sorprender en
nuestros días. Durante mas de tres mil años, treinta y una dinastías,
esplendores y decadencias, caídas y renacimientos y pese a sus
fallos y limitaciones, aquella compacta y dócil sociedad agrícola,
regida por el Faraón, su "Dios viviente", fue capaz de
grandes obras que todavía producen asombro y admiración y cuya
realización pondría en apuros a cualquier estado moderno.
Egipto
nace rodeado por una naturaleza contradictoria, en la que un oasis
de varios cientos de kilómetros de longitud aparece flanqueado a
uno y otro lado por desierto; el egipcio podía aquilatar mejor que
nadie el valor intrínseco de la vida y sus alegrías. Poseedor de
un alto nivel cultural pudo despreocuparse en una mayor medida de
otros pueblos en la embrutecedora lucha cotidiana por ganarse el
sustento. Y bajo el sol ardiente su espíritu se desarrollo por los
causes de la amabilidad y la sencillez, lejos de las complicaciones
mentales de otros pueblos condicionados por climas más severos.
Pese a los muchos y notables avances realizados en los últimos
decenios, aun nos encontramos ante una historia no del todo
conocida, basada en restos arqueológicos y en testimonios no
siempre exactos de historiadores tardíos. Por si las habituales
lagunas que presenta el estudio de cualquier civilización antigua
fueran pocas, se añaden los inconvenientes de luchar con una lengua
muerta y la falta de datación exacta, ya que los antiguos
"nilotas" no registraban el paso de los años de manera
continua e ininterrumpida, lo que a generado diferencias y
discusiones entre los historiadores que en ocasiones representan
muchos años. Apegados a sus tradiciones, tomaron poca cosa de lo
mucho que les llegaba del exterior, su cultura se estanco y al
estancarse comenzó un declive imparable. De cuando en cuando se
pretendía reaccionar volviendo a formulas arcaicas y faltos de los
necesarios estímulos sufrieron de pueblos como los Hicsos o los
llamados "pueblos del mar", entre otros, inferiores en
cultura pero abiertos a vivificantes impulsos e
incitaciones.Finalmente la cultura Faraónica se agoto pese a las
palabras del historiador Friedell: "Cuando una cultura
permanece fiel a sí misma, llega a formas de expresión
absolutamente únicas en el lenguaje, el arte, la técnica y la
forma de ver el mundo".
Sin
embargo, y pese a haber alcanzado tan altas cimas culturales, el
Egipto faraónico como si de la vida de un ser humano se tratara,
murió por cansancio, agotamiento y falta de voluntad para vivir,
para no volver a levantar cabeza jamás. Pero conserva vivo el espíritu
en sus obras. Es un ZEITLOSE KUNST (arte sin temporalidad) como
dicen los alemanes. Tal vez, por este y otros motivos, la civilización
del antiguo Egipto, aún hoy, sigue provocando desconcierto y
asombro. Los antiguos nilotas fueron un pueblo tan peculiar como
fascinante. El estudio de su historia, religión, arte, tecnología,
filosofía, logros intelectuales, usos y costumbres, evidencia que
se trata de un pueblo practico, dotadas de gran sentido del humor,
que rehuían de las complicaciones y dotadas de ansias de vivir y de
alcanzar la felicidad, pese a la estructura de aquella sociedad. Se
permitieron bromear, los que trabajaban en una importante obra,
cierto día en que el Faraón acudía a visitar su futura
"mansión para la enternidad"; unos hablaban de la
relativa sobriedad y otros del estado de embriaguez inicial.
Finalmente, debió imponerse el parecer de los segundos y alguien
grabó furtivamente en la roca del muro de la tumba: "¡ Vaya
lo que ha bebido el faraón !". Se permitían hacer chistes a
su costa, pero hubieran dado cualquier cosa para que les fuera
concedido inclinarse ante él y besar sus pies. Además ¿quien iba
a reprocharle al "Dios viviente" si se excedía un poco en
la bebida?. La mayor parte de los súbditos gustaba de hacerlo de
cuando en cuando, de la misma manera que les placía la música, la
buena mesa, las mujeres, los juegos, la caza, la pesca, las
narraciones y demás entretenimientos. Pero el divino poder de
monarca, "Dios viviente", hoy Horus y futuro Osiris, cedía
o fingía hacerlo cuando los artesanos y demás trabajadores de la
necrópolis del Valle de los Reyes se entregaba a la agitación
social. Ramsés II - un notable megalómano - hubo de adularles, al
fin y al cabo, y la política viene demostrándolo desde entonces,
las buenas palabras y las promesas, sobre todo las que no piensan
cumplirse, cuestan muy poco. "Vuestra alimentación , les decía,
será abundante, pues yo conozco vuestro trabajo, verdaderamente
duro, en el que el trabajador solo se regocija, cuando tiene el
estomago lleno". Lo cierto es que gracias a trucos como este,
Ramsés II evitó las numerosas huelgas de trabajadores, que se
produjeron en los anteriores y posteriores reinados.
En
ocasiones cuando se producían crisis politico-economicas el poder
real decaía y la administración era incapaz de hacer frente al
caos, al hambre y al desempleo. Surgían entonces bandas de audaces
desaprensivos que buscaban el rápido enriquecimiento saqueando las
tumbas reales. En tiempos de Ramsés IX (unos 1.500 años a.C. ) se
celebró un proceso judicial cuyos atestados, en parte al menos, han
llegado hasta nosotros como testimonio de la corrupción que
afectaba a determinadas clases sociales. El gobernador de Tebas,
Paser, al tener noticias de la profanación de un tumba real y la de
varios particulares ricos, dispuso las pertinentes investigaciones
que producen la detención y el proceso de los posibles
culpables. Sin embargo, no puede decidirse si la operación
policial, fuera un éxito; el propio Paser reconoce que algunos
personajes influyentes, sin cuya complicidad hubiera sido imposible
el desafuero, han quedado libres; se envenena el asunto, se reanudan
los procesos y esta vez la justicia absuelve a los presuntos
ladrones. Persuadidos estos de su impunidad, despojan varias tumbas
reales, con creciente desfachatez. Nuevamente actúa la justicia y
se juzga a los supuestos ladrones; finalmente son condenados con
gran rigor algunos obreros y funcionarios subalternos; pero los
verdaderos culpables, los sacerdotes y los potentados, no sufren
castigo alguno. Definitivamente, ¡ los antiguos egipcios no son tan
diferentes a los hombres de hoy!.
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