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Arrancar
sin baterías Muchos
conductores han sufrido la desagradable
experiencia de ver cómo su coche no
arranca. En la mayoría de las ocasiones,
el «culpable» siempre es el mismo: la
batería. Ante esta situación, la solución
de urgencia más clásica consiste en
empujar el vehículo al mismo tiempo que
se inserta la segunda marcha. Sin embargo,
si nuestro automóvil es de última
generación y, por lo tanto, incorpora
catalizador, deberíamos evitar este tipo
de maniobra. En caso contrario, podríamos
deformar la estructura interna del
catalizador.
Cuando empujamos el coche y éste se niega
a arrancar a la primera, lo más probable
es que una cierta cantidad de gasolina
pase por el motor sin quemarse (el
combustible queda retenido en el
catalizador). Hasta aquí, ningún
problema. Las complicaciones empiezan en
el momento en que el propulsor cobra vida.
En este instante, el combustible
almacenado en el catalizador se quema de
golpe, lo que puede elevar la temperatura
del mismo por encima de los 1.000 grados
centígrados. Demasiado «calor» si
tenemos en cuenta que la mayoría de los
catalizadores, para que funcionen
correctamente, nunca deben superar los 700
grados.
La consecuencia es que un exceso de
temperatura tan exagerado puede destruir o
deformar en pocos segundos este importante
elemento descontaminante. ¿Qué hay que
hacer si nos quedamos «tirados» por
culpa de una batería que apenas tiene
carga? Obviamente, sustituirla por otra
que esté en buen estado. Como alternativa
de emergencia, también podemos tratar de
conectar unas pinzas a la batería de algún
«voluntario» que se compadezca de
nuestra situación.
A pesar de que esta solución de
emergencia resulta ideal para solventar un
percance puntual, lo más recomendable es
que visitemos el taller tan pronto como
nos sea posible. Sólo así evitaremos
nuevos contratiempos.
Colaborador
de esta sección: Felix Pablo
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